Discapacidad, puntos de vista (VI)

La caridad es el corazón de la jurisprudencia; al menos en lo que atañe a las discapacidades.
La mayoría de las religiones (no confundamos religión con cristianismo) nos hablan de que debemos aceptarnos todos, ayudarnos, ser buenos los unos con los otros, etc… es decir, querer a los demás como a nosotros mismos. Muchas veces hemos oído eso de:

“Trata a los demás como quieres que te traten.”

Esta forma de pensar ha motivado que durante años, muchas personas hayan ayudado a las personas con discapacidad por humanidad. De ver la discapacidad como un castigo, se pasó a entender que son personas que necesitan ayuda. La beneficencia, la caridad, las fundaciones de ayuda, etc. se basaban en este sentimiento.
Con el paso del tiempo, este tipo de ayudas se convirtieron en derechos. Se entendía que las personas con discapacidad tenían los mismos derechos (y obligaciones) que el resto de la sociedad.
Por lo tanto se paso de una visión de «ayuda» a una visión de «igualdad». Un ejemplo es la ley aprobada en España en 2006, la llamada Ley de Dependencia. En ella se entendía que una persona por tener un familiar dependiente (con discapacidad, anciano, accidentado, etc…) no tenía por que estar atado a su cuidado toda su vida. Por lo que el estado debía proveer de los medios necesarios para que estas personas estuvieran atendidas sin afectar a la vida de las personas de su entorno. Bien por la intervención de los servicios sociales (asistentes, enfermeros, acompañantes, etc…), bien por el uso de nuevas tecnologías (andadores, salva escaleras, tele avisos).
Las personas con discapacidad adquirían entonces el estatus de ciudadanos de primera, ya que no dependían de la caridad de otras personas. Sin embargo la visión de “ayuda” sigue estando presente, por desgracia, entre muchos políticos.
Un claro caso es el de España, que debido a la crisis ha recortado más de un 20% el gasto social, en el que está incluido las «ayudas» a personas con discapacidad. Esta situación ha provocado el atropello de los derechos a muchas personas.
Un ejemplo son un grupo de alumnos sordos de la Universidad Complutense de Madrid. Ya que esta institución decidió suprimir el servicio de interpretación en lengua de signos profesional porque «no había fondos».

¿Eliminaríamos las rampas de acceso o los ascensores si no hubiera dinero?

Si un día caminamos por la calle y nos topamos con una persona muerta, lo normal es que avisemos a la policía. Pero, se imaginan que la policía nos detiene y nos acusa de haberla matado por estar cerca de donde apareció. Lo normal es que tengamos derecho a defendernos y a un abogado. Pero… y si con la excusa de que «no hay dinero» nos proponen lo siguiente:

«La pena por asesinato son 10 años, si no la ha matado es usted libre; pero como no hay dinero para el juicio ni su abogado, le vamos a meter 5 años en la cárcel y listo.»

En el caso de las personas con discapacidad ocurre lo mismo. Las “ayudas” no son ayudas; son derechos, y no se pueden recortar en función de la economía.
Esta visión de la discapacidad propicia que, cada vez más, los programas de ayuda a las personas con discapacidad que apelan a la pena, la sensiblería o el dar lástima sean cada vez más criticados.

Discapacidad, puntos de vista (V)

La integración de las personas con discapacidad en una sociedad no siempre pasa por que dicha sociedad los acepte. Hay una gran diferencia entre «aceptar» y «apoyar» a una persona con discapacidad.
En el primer caso, significa que no estamos de acuerdo con lo que los nacionalsocialistas llamaban «Endlösung» (solución final), es decir, no querer que desaparezcan por uno u otro medio. No hay problema con que existan y que convivan con nosotros.
El segundo es más complejo, ya que muchas veces nos «toca el bolsillo». Con esto no nos referimos a que nos cueste dinero, pero si esfuerzo o recursos. Cuando tenemos que dar un rodeo porque una rampa de acceso nos molesta; cuando tenemos que hablar más despacio para que nos comprendan; trabajar un poco más para que nuestro material de enseñanza sea más accesible y completo; esperar más en una cola porque la persona de delante es más lenta; etc.
Aceptar una discapacidad no es suficiente. Como miembros de la sociedad, las personas con discapacidad requieren, en algunos casos, una atención especial. No basta con aceptarlos (ahí de lejos, sin que se nos acerquen mucho) tenemos que entender que si no les apoyamos, sí se convertirán en ese lastre que mucha gente los considera.
Como veíamos, una sociedad se conforma de distintos individuos que aportan lo que pueden. Por eso es fundamental la formación, cuanto más superior mejor, de las personas con discapacidad. Ya que permitirá que sean independientes y productivos; aportando a la sociedad en lugar de lastrarla.

No acepte la discapacidad ¡apoyela!

Mitos en torno a la Sordera IV

Mito IV – Los sordos oyen todo con la ayuda de una prótesis.

Con la ayuda de una prótesis, algunos sordos oyen muchos sonidos y otros entienden el lenguaje oral, pero no escuchan como los oyentes. Incluso, en algunos casos, las prótesis auditivas no tienen ninguna eficacia, puesto que no queda ningún resto auditivo o la sordera es muy profunda.

Dependiendo del grado de pérdida auditiva una persona puede aprovechar los restos auditivos que tenga y percibir algunos sonidos. Esto no significa que cualquier prótesis sirva para cualquier persona. Tanto audífonos como implantes deben ser calibrados en función de quién los usa. Y si, llegado el caso, la persona que los usa ha perdido mucha audición, pierden su efectividad.

Ayudas auditivas III, el bucle de inducción magnética

Imagen del blog de sordera. Logotipo bucle de inducción.Imagen del logotipo azul del bucle de inducción que representa una oreja cruzada por una banda de color blanco. En la parte inferior derecha se observa la letra T sobre fondo blanco.

Logotipo bucle de inducción.

Como ya hemos visto, las dos principales ayudas con las que cuentan las personas sordas para mejorar su audición son el implante y el audífono. Sin embargo, existe un dispositivo que mejora la recepción de estos dos aparatos. Sigue leyendo