Impresiones en torno a la sordera (III)

 

[Viene de post anterior]

El mono que no habla (Iwazaru)

Un colectivo del que no tenia ni idea, porque es que ni siquiera me había planteado su existencia, era el de los sordo-ciegos. Sólo tenía dos referentes anteriores: la película “El milagro de Anna Sullivan” que me había negado a ver, y la película “Johnny Got His Gun” que me había dejado profundamente impactado, (quizá la vi muy joven) y por eso me negué a ver la otra.

Con estos dos referentes claro está que cuando se me hablaba de sordo-ciegos, yo pensaba en una especie de “lechugas humanas”, unas personas que al no poder ver ni oír se limitaban a “estar”. Sin embargo, afortunadamente el término sordo-ciego no significa sordo total y ciego total. Sino que hay infinidad de grados en ambos casos.
La visita de dos personas sordo-ciegas a clase me abrió los ojos y literalmente me dejó sin palabras. Está claro que desde que entendí que los sordo-ciegos no lo son totales, esa imagen de lechuga había desaparecido, pero aún así no había conocido ninguno. Cuando Rosana preguntó si había alguna pregunta o duda que quisiéramos hacerle yo no pude, pero no porque no hubiera, sino porque eran tantas que no sabía cuál hacer primero. Su sentido del humor, su visión del mundo y su alegría me fascinaron.

La asignatura de sordo-ceguera corresponde al año que viene, y tras haber estudiado este colectivo mi interés por él ha crecido mucho. Espero poder aprender mucho más el año que viene, cuando experimentemos en nuestras propias carnes cómo es ser sordo-ciego y las dificultades diarias a las que se enfrentan.

Después del ciclo
Un par de flecos sueltos me quedan después de pasar por esta asignatura. La economía de la comunidad sorda y mi futuro en ella.

Con respecto al primero hay una frase en la película de Almodóvar  Laberinto de pasiones que lo resume todo: “Sin dinero nena, no coche, no chica, no tate, no vicio, no Rimmel…”
Sigue sorprendiéndome la dependencia de las subvenciones del colectivo sordo, en ese sentido creo que una independencia económica ayudaría no solo a poder mejorar servicios y prestaciones, sino también, a poder dar más fuerza a las reivindicaciones. Porque claro, no vas a morder la mano que te da de comer. En mi opinión es tremendamente necesario encontrar una, o varias, fórmulas de financiación que permitan emanciparse del estado, de sus subvenciones y sobre todo de la dependencia con respecto al color del partido que gobierne. ¡La sordera no entiende de política! Seguirá ahí gobierne quien gobierne.

Y con respecto al segundo, puedo decir que para mi los pilares de una sociedad deben ser la Educación y la Sanidad. No soy médico, y ya me pilla un poco tarde para serlo. Pero puedo ser profesor o intérprete y ayudar a los sordos en la educación. Conseguir, al menos en parte, que ese 3% de alumnado sordo en la universidad aumente. Naturalmente esto entra en conflicto con el código ético de los intérpretes. Ya que sólo debemos transmitir información sin añadir ni quitar nada. Así pues, creo que deberé escoger lo que quiero ser en el futuro: profesor o intérprete. Eso sí, ambos siempre relacionados con la población sorda.

Impresiones en torno a la sordera (II)

[Viene de post anterior…]

El mono que no ve (Mizaru)

Comencé a leer el primer libro, el de Pepita, mis ideas preconcebidas se reforzaron. Los problemas de esta mujer se debían a que era mayor y por supuesto, en la época en la que estudió no había ni derechos, ni adaptaciones técnicas, ni conocimientos, etc… Me presentaba la vida aparentemente típica de una persona sorda: una Infancia difícil, una adolescencia mejor y madurez normal. Estaba claro que sus primeras profesoras, que eran las monjas, no entendían lo que significaba ser sorda. La calificaban de “dura de oído” como mucha gente sigue pensando hoy en día. Habla de unas asociaciones donde van todos los sordos y ella, al final, acaba trabajando para la comunidad sorda.
Lo que me plantea una pregunta: ¿Todos los sordos lo hacen, trabajan sólo en la comunidad sorda o en relación con ella?

Mi experiencia hasta ahora decía que sí. Mis amigos sordos estudiaban para profesor de LSE, estudiaban ADECOSOR o trabajaban y pertenecían a asociaciones. ¿Eran entonces los sordos un gueto en los que los oyentes estábamos “de prestado” para ser intérpretes sin más?. Si mi mejor amigo fuese sordo, yo, por ser oyente no podría caminar por la vida junto él. Esto me hizo ver más a los sordos como un colectivo cerrado; al estilo de, por ejemplo, los judíos; con unas costumbres y una forma de vivir separada del resto de la población por voluntad propia.

Hay una de Spike Lee, que se llama “Do the Right Thing” que trata precisamente esta “discriminación inversa”. No con personas sordas, pero sí con afro-americanos. Creo que es interesante el debate que plantea (él es negro, si no la película hubiera sido tachada de racista ipso facto), ¿hay grupos que son marginados por la sociedad o al revés, la sociedad es apartada por ellos?

En este sentido, el concepto de identidad sorda tiene mucho que decir. Desde el extremismo de muchas asociaciones americanas hasta el oralismo más duro. No obstante, todas estas ideas llegaron más tarde. Yo aún vivía en la inopia, ya que mis conversaciones con gente sorda hasta el momento siempre eran muy parecidas. Los temas se repetían una y otra vez: comunicación, estudios y poco más….

Ahí empecé a comprender cómo podían sentirse, entre ellos hablaban de muchas cosas, pero yo no podía entenderlos, no tenía las palabras. Descubrí que el humor no era igual, y que mantener una conversación sin conocer bien el idioma puede ser frustrante. Con el paso del tiempo también descubrí que preguntar “sí/no” al final de una frase no es maleducado, sino que la gramática de la LSE es distinta.

Más tarde, dimos en clase el concepto de asociación, y fue el primer mito que se me cayó. Resulta que las asociaciones y federaciones están haciendo aún un trabajo enorme por normalizar la situación de los sordos. Mis amigos con intérpretes son casi la primera generación que lo tienen.

Me doy cuenta de que todas estas organizaciones están perfectamente agrupadas y coordinadas por las federaciones. Todas luchan por unos objetivos comunes, y su organización les permite ponerse de acuerdo en los planes de actuación con relativa facilidad. Todavía queda mucho por hacer, y hay muchas cosas que aunque en papel se hayan hecho, en la realidad no se cumplen.

 El mono que no oye (Kikazaru)

Cuando empecé con el siguiente libro, Sordo ¿y qué? fue como una bofetada. Me topé con la realidad: problemas familiares y laborales, marginaciones, actitud ante la vida, etc.. aunque, en mi opinión, el libro da una visión muy positiva de lo que es vivir con la sordera. Comencé a ver también que existen sordos con vida más allá de los guetos en los que creía que se movían. En parte porque ya entendía qué es una asociación y una federación y en parte porque al avanzar en el conocimiento de la lengua me podía comunicar más con mis amigos sordos. Aún así había dos cuestiones que me rondaban la cabeza:

1 – El gran número de sordos con problemas familiares. Algunos dicen en el libro “no les culpo”, a otros les da igual, pero en general la mayoría ha tenido o sigue teniendo problemas con sus padres. Pero, sin embargo, esto no es tan común con los hermanos. Mi conclusión es que esto se debe a los problemas de comunicación. Los hermanos aprenden a signar y los padres no, por lo que la relación es más estrecha donde la comunicación es más fluida.

2 .- Para la mayoría de sordos y familias (al menos del libro), alcanzar el éxito significa ser como un oyente normal. ¿Significa esto que los sordos tienen “menos” aspiraciones que los oyentes? Muchos llegan a ser funcionarios, y lo presentan como un gran logro. Es cierto que en España se considera un buen trabajo (aunque a mí me horroriza), pero me extraña que sus aspiraciones sean tan distintas alas mías o a las de mis amigos oyentes.

Estas dudas se solucionaron en cuanto dimos en clase los temas de educación y familia. Saber que sólo el 3% de los sordos llegan a la universidad me dejó petrificado. Por eso para la mayoría llegar a ser funcionario y aprobar una oposición es triunfar, porque ya solo el hecho de llegar a la universidad les supone un esfuerzo enorme.

Cuando me explican qué es el oralismo y qué es la educación bilingüe; y me enseñan vídeos de dos colegios en los que se aplican esos sistemas entiendo el libro de Pepita de otra forma. He llegado a la conclusión de que el oralismo no me gusta, me parece muy impositor, no respeta diferencias y trata de homogeneizar todo (muy al estilo de la iglesia). En su faceta más radical destierra la lengua de signos, y convierte al sordo en un mero espectador de la vida, ya que casi no puede participar en ella. Se le convierte en un “falso oyente”.

El bilingüismo, sin embargo, me parece un método más heterogéneo, siempre y cuando vaya combinado con una educación integradora. Aunque sé que hay colegios bilingües exclusivos para sordos; que tienen que trabajar durante muchos años para aprovechar los restos auditivos que tienen; y que la comunidad sorda tiene una cultura propia, prefiero la integración de los alumnos en “aulas oyentes”. Ya que de lo contrario, sería formar guetos cerrados que no favorecen a nadie (sordos u oyentes). Igual que los estudiantes árabes, chinos, o latinoamericanos se integran en las aulas, creo que los sordos, como minoría lingüística que son, también deben estar integrados.

Con respecto al tema de la familia, el libro de El grito de la Gaviota me aclaró algunas dudas. Al leer la parte de su infancia me doy cuenta de lo importante que es una buena comunicación desde el principio. Cuando su madre y ella empiezan a aprender lengua de signos su relación cambia totalmente.

Ése es el problema de la mayoría de las familias, la falta de comunicación. Curiosamente es un problema que también se da en muchas familias oyentes, aún teniendo una lengua común…

Sin embargo, en este tema los tres libros son unánimes, los hijos oyentes hablan con los padres sordos sin ningún problema. No obstante, hemos visto en clase, (y sabemos que alguna profesora nuestra lo hacía de pequeña) que algunos hijos o incluso los padres se avergüenzan de ser sordos, diciéndoles que no signasen en la calle, o quitándose los audífonos al ir a recoger a los niños.

No entiendo esta vergüenza, en el caso de una orientación sexual por ejemplo sí. Porque hay una base religiosa (aunque una familia no sea cristiana hay un entorno que influye). Pero en el caso de una discapacidad está claro que no es una cuestión de moralidad. No es inmoral ser cojo o ciego (al menos en este siglo). Personalmente, no tengo ningún problema en ponerme a signar con mis amigos sordos en el metro o autobús. Las miradas son más que nada de curiosidad y no de reproche.

Hay una escena en la película X-Men 1 en la que una madre le pregunta a su hijo:

“¿Has intentado no ser un mutante?”

Creo que refleja muy bien el sentimiento de muchas madres/padres con respecto a cualquier diferencia en los hijos. “Mutante” se puede sustituir por “sordo”, “gay”, “músico”, “asmático”, “hiperactivo”, etc… y el sentimiento será el mismo. Pocas personas desean que sus hijos tengan dificultades en la vida, pero cuando se presentan, desgraciadamente aún son muchas las familias que creen que es mejor cambiar al niño/a en lugar de aceptarlo.

Lo que me lleva a un punto que también se refleja en el libro de Emmanuelle: el debate implantes y audífonos Vs. Identidad sorda. Mucha gente cree que un implante es la solución milagrosa para la sordera, los médicos lo recomiendan, y los implantados generalmente hablan bien de él. Pero nunca me había planteado (hasta que vimos el tema de identidad sorda) que una persona quisiera ser sorda porque sí.

Un amigo mío me contó un día su experiencia, y me hizo comprender esto mucho mejor.
Él tiene restos auditivos (un 30% aprox.) y me dijo que de pequeño, naturalmente, le pusieron un audífono y que lo llevó hasta los doce años. Pero que después se cansó de la rehabilitación y que se lo quitó. Aún lo tiene, y si hace falta se lo pone, pero según él “Sufre cuando oye igual que una persona que pierde la audición sufre por no oír”. Le molestan la gran cantidad de sonidos que hay en nuestra vida diaria. Distingue un gato maullar, un perro ladrar, el timbre y ese tipo de cosas, (curiosamente son sonidos comunes para un niño de 12 años) pero seguir una conversación o una película es para él imposible. Por esto llevar un audífono significa estar continuamente recibiendo información que no necesita (o no quiere tener). Con respecto a este tema, hay un episodio muy interesante en la 5ª temporada de la serie Dr. House que se llama “House Divided“. En él, durante una biopsia un chico sordo es implantado a la fuerza.

Naturalmente la visión de la serie es pro-implante, pero dado lo visto en clase no estoy tan seguro de que sea la opción más correcta.

Con respecto a mi amigo, la verdad es que estoy tan acostumbrado a verle sin audífono que se me haría raro si lo llevara. Es como cuando alguien se pone gafas un día, le ves raro, no te acostumbras. Claro que éste no es un tema de estética, sino de una forma de vida.

Después de hablar con mi amigo vi la película “Children of a Lesser God”. Entiendo perfectamente a la protagonista, no quiere hablar (de forma oral) porque no necesita hacerlo.

Otra cosa del libro de Emmanuelle que quiero destacar es la visión que da de la situación de la población sorda en Francia: está igual o peor que en España. Creo que ambos países deberían aspirar al modelo noruego. Que la policía no tenga intérpretes propios, o que el bachillerato sea algo casi insuperable por falta de medios me parece mal, terrible. Me sorprendió que un país como Francia, que siempre ha llevado la delantera en materia de derechos sociales (jornadas de 36h/sem., jubilación a los 60, etc…), esté en este sentido tan atrasado.

[Continuará…]

Impresiones en torno a la sordera (I)

Nadie nace sabiendo; por eso necesitamos que nos enseñen y eduquen. Como ejercicio de aprendizaje, me gustaría publicar aquí uno de los trabajos que hice cuando estudiaba el primer año del Ciclo Formativo de Grado Superior de Interpretación de Lengua de Signos Española en la Fundación CNSE.

Perdonarán la redacción y eventuales faltas de ortografía, pero como es lógico, uno no sabe tanto en primero de carrera como al final de la misma. Debido la longitud del documento lo dividiré en tres partes.

Psico-sociología de la persona sorda.
Resumen de lecturas e impresiones sobre la comunidad sorda.

Through the Looking-Glass, and What Alice Found There…”

Lewis Carroll

A modo de introducción
Mediante el presente trabajo, pretendo dar una idea de la evolución de mis impresiones y opiniones sobre la comunidad sorda basándome en la lectura de los libros recomendados en clase, lo visto durante el curso, algunas películas y, por supuesto, mi experiencia personal. Para seguir esta evolución de las ideas he dividido el trabajo en tres partes: “antes”, “durante” y “después” del ciclo. En cada una de ellas, mi punto de vista sobre la comunidad sorda ha ido cambiando.

A su vez, la parte del “durante”, la he dividido en tres trozos, no necesariamente asociados a cada libro, pero sí a unas ideas. Como la LSE es una lengua muy visual he seleccionado una imagen para representar esta división.
Escultura de los tres monos sabios.Los tres monos sabios (Kikazaru,Mizaru,Iwazaru) van a representar cada parte de mi paso por esta asignatura:

– El primer mono no puede ver. Al igual que yo tampoco podía ver los problemas de la comunidad sorda hasta que entré en contacto con ella.

– El segundo mono no puede oír. Al entrar en contacto con la comunidad sorda empecé a comprender cómo es vivir sin oír.

– El tercer mono no puede hablar. Se quedó sin palabras como hice yo cuando descubrí la sordo-ceguera.

Naturalmente la última parte, el “después” es solo un conjunto de suposiciones sobre lo que espero en el futuro, no puedo saber lo que va a ocurrir, pero sí desearlo.

Antes del ciclo
Antes de empezar el ciclo, no tenía una opinión de la comunidad sorda porque durante toda mi vida no había tenido contacto con ninguna persona sorda hasta dos meses antes del ciclo. Es curioso que, aún sin haber tenido nunca relación con personas sordas, desde hacía ya mucho tiempo tenía mucho interés por la lengua de signos. En el colegio, de pequeños, nos enseñaron el alfabeto dactilológico (como parte del aprendizaje del castellano) y no mucho más, por lo que siempre me había quedado la curiosidad de cómo sería la lengua completa. Así, un buen día empecé los trámites para matricularme en el curso.

Por casualidad conocí a un grupo de sordos que vinieron a mi trabajo, y entrar en contacto con ellos me ayudó a reforzar las ganas que tenía de aprender lengua de signos.
Como el grupo era grande, yo me sentía algunas veces desorientado porque no entendía lo que me estaban diciendo hasta que algún amigo, (que hoy sé que se llaman hipo-acúsicos), me traducía.

Comprendía que eran un colectivo tradicionalmente marginado, pero mi idea era que como las reivindicaciones de los sordos eran mucho más antiguas que las de por ejemplo, los Gays, ya tenían que estar completamente solventadas. Si los gays ya habían conquistado sus derechos incluyendo el matrimonio y la adopción, ¿cómo iban a tener los sordos problemas de adaptación?. Seguro que existía algo como la ONCE de los ciegos que les ayudaba en todo y les hacía felices.

No sabía que la vida de un sordo necesita varias adaptaciones, no sólo en su propia casa (teléfono, timbre, etc..) sino en el resto de ámbitos, como la educación, la sanidad, administraciones, etc…

Uno de mis amigos me había contado que tenía un intérprete en el instituto que le traducía y otro que en la universidad también, por lo que no tenía razones para pensar que todos los sordos de España no estuviesen en la misma situación.

Durante el ciclo
Mi primer gran descubrimiento fue que las asociaciones de sordos eran muy numerosas en lugar de una sola como ocurría con la ONCE. Esto, claro está, me extrañó mucho. Si como yo pensaba los sordos tenían su vida resuelta, estas asociaciones no serían más que una especie de “clubes sociales”.

Me extrañó también ver que casi todos mis amigos sordos escribían los mensajes de texto de forma rara, a veces eran incluso maleducados con preguntas muy directas, del tipo “¿Vas a venir a cenar sí o no?”. ¿Cómo puedes invitar a alguien a cenar con una pregunta así…? pero como sólo me ocurrió un par de veces, supuse que sería porque los habían escrito con prisa.
[… continuará]

Organizaciones en torno a la sordera III

Logo Fundación CNSELa Fundación de la Confederación Nacional de Sordos Españoles para la supresión de las barreras de comunicación es un organismo dependiente de la CNSE, que trabaja por la difusión y promoción de la Lengua de Signos Española. Fundada en 1998 tiene como misión:

” Articular proyectos que contribuyan a una plena participación social de las personas sordas y a un mayor conocimiento y difusión del buen uso de la lengua de signos española y los medios de apoyo a la comunicación.”

En la actualidad cuenta con múltiples tareas y departamentos, entre las que destacan el apoyo a las familias con miembros sordos, la formación de intérpretes con titulación oficial y el Centro de Normalización Lingüística. Sobre este último hablaremos en un futuro post debido a su importancia y complejidad.
El departamento de familias se encarga de aconsejar y ayudar a familias con algún miembro sordo. (Recordemos que no hay una fórmula que nos permita saber si algún miembro va a ser sordo o no.) Mediante la edición de guías, libros y material didáctico consiguen despejar muchas dudas y temores que existen en estas familias. Todo el material puede encontrarse en las sección de publicaciones de la Web de la FCNSE.
El departamento de enseñanza centra su trabajo en tres cursos Sobre los que hablaremos en posts posteriores:

Fuente de la imagen: http://www.fundacioncnse.org/

Estudiar y ser sordo (España) (B)

ADECOSOR  son las siglas de Agente de Desarrollo de la Comunidad Sorda, un título exclusivo para personas sordas que otorga, entre otras, la Fundación CNSE tras un curso de 9 meses. Los adecosores reciben una formación sobre cómo realizar multiples funciones dentro de las asociaciones y federaciones, tales como:

  • Asesoría a jóvenes sordos, personas sordas inmigrantes, personas mayores sordas, etc. según las necesidades detectadas en la región.
  • Atención a las personas sordas con una derivación posterior hacia los profesionales o servicios más acordes según el tema que planten los usuarios.
  • Información y orientación a profesionales externos que trabajan en otras entidades (servicios sociales, educación de personas adultas, etc.) sobre cómo ofrecer una atención adecuada a las personas sordas.
  • Organización de actividades de ocio y tiempo libre para personas sordas.
  • Ejecución de actividades de difusión y sensibilización sobre las personas sordas, la comunidad sorda y la lengua de signos.

Si escogemos al azar una página Web de una Federación, por ejemplo, FESORCAM podremos observar que con cierta frecuencia plantea actividades que fomentan el uso de la lengua de signos y la identidad sorda. Ese es el principal trabajo del ADECOSOR.