Joven, gay, actor porno y ¡sordo!

Imagen del blog de sordera. Gay, sordo y actor porno. Fotografía de Izan Loren en el baño de su casa vestido con un pijama con forma de oso. Pueden verse varios tatuajes en su cuerpo.

Cuando este blog cumplió la mayoría de edad en su post Nº 21 hablamos de sexo. En el número 150 (que es éste) vamos a volver a hacerlo.

El proceso de inclusión de las personas con discapacidad dentro de la sociedad pasa por la normalización. No es necesario que por tener una discapacidad haya que triunfar, se puede tener una vida normal (entendiendo normal como dentro de la media). En numerosas ocasiones se habla de las personas con discapacidad que superan sus límites; corredores a los que les falta una pierna y baten récords; personas con discapacidad visual expertos en comunicación; doctores en derecho a los que estar en una silla de ruedas no les ha amedrentado; etc…

No obstante, en el libro Sordo ¡y qué! hay numerosos ejemplos de personas con discapacidad auditiva que han “triunfado en la vida”. Para muchos de ellos conseguir un empleo ordinario era un triunfo. Aprobar una oposición, llegar a ser profesor, o simplemente terminar el bachillerato eran grandes logros.

Es lo que ha conseguido Izan Loren; un joven sordo, gay y actor porno. Como muchos jóvenes españoles emigró por la crisis y decidió buscar un empleo. La particularidad de Izan fue que decidió, siguiendo su sueño de la infancia, adentrarse en un mundo muy competitivo; pero en el que por suerte, su discapacidad no fue un impedimento.

Además de la actuación, Izan tiene otras pasiones, sueños y metas; como cualquier joven de su edad. ¿Quién a los 19 años no quiere comerse el mundo? Hace poco concedió una entrevista en la que cuenta su experiencia. Como es lógico, el contenido no es apto para menores:

 

Fuente de la imagen:

HTTPS://PBS.TWIMG.COM/MEDIA/B7GXMZJCAAA5RBU.JPG

Cine sordo (que no mudo) IV

A propósito del postSordera, el filtro de información” y de la falta de valores éticos que se pueden dar en una persona sorda, conviene mencionar la película ucraniana Plemya (The tribe).

Ambientada en un colegio interno para personas sordas, nos muestra una dura representación que, sin embargo, poco tiene de ficción. Prostitución, drogas y atracos son las actividades comunes de un grupo de chicos y chicas sordos.

Uno de los muchos puntos destacables en el comportamiento del protagonista, es la meta que quiere alcanzar; el amor de una chica. Todo lo que puede llegar a hacer por conseguirlo nos hace ver que no importan los medios, sólo el fin.

Sordera, el filtro de información.

Existe un sinnúmero de personas que trabajan junto a compañeros/as sordos/as y no saben lengua de señas. Es muy habitual escuchar cosa como “él me entiende sin problemas” o “Ella sabe lo que tiene que hacer sin que se lo digamos…”

Posiblemente, muchas de estas personas sordas, tengan una lectura labial buena; sin embargo, como sabemos, la comunicación no es efectiva al 100%. Una de las consecuencias que tiene la sordera, es que a la persona que la padece le llega la información filtrada.

Imagen de una oreja ahora que llega a todo tipo de información.

En numerosas ocasiones sabemos algo no porque nos lo hayan enseñado, sino porque “lo sabe todo el mundo”. Pero ¿Cómo nos ha llegado esa información? ¿Por qué sabemos algo? ¿de dónde salió? No siempre es posible fechar el momento en el que aprendimos una cosa, lo que sí es probable es que “lo hayamos oído por ahí”.

Esto no siempre ocurre en el caso de las personas sordas. Mucha de la información que nosotros recibimos no les llega.

Imagen de una oreja a la que los distintos tipos de información llegan sesgados.

Esta información pueden ser desde instrucciones básicas a valores éticos, pasando por prejuicios, deberes o estereotipos.

Una de las consecuencias de esta falta de información es en ocasiones  la ausencia de valores morales; que, en casos graves, lleven a delinquir a la persona sorda. No obstante, estos delitos no son entendidos por la persona sorda como tal, sino como una conducta natural fruto de sus experiencias.

Este hecho también suele ocurrir con los prejuicios o las imposiciones morales. Por lo tanto, las personas sordas pueden ser más tolerantes al carecer de ellos. Un ejemplo es el porcentaje superior al de la población oyente de sexualidades alternativas. Sobre este tema se habló en el post Sexordos.